Eres mi yo, eres mi otro, eres mi otro yo. Formas parte de mí y a la vez estás siempre lejos, cada vez más lejos. No importa.
Hay lazos invisibles, lazos de sangre, lazos de carne, lazos que ha ido tejiendo el tiempo, que unen mucho más que cualquier otro tipo de vínculo.
Y que no se rompen ni cuando llega la hora de la despedida.
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